
Hay momentos en los que quisiera ver las cosas en blanco y negro.
O sea, ver más claro, despejar lo accesorio, hacer surgir lo esencial, relegar para otro día los matices, la duda, la vacilación, la perplejidad. Recuperar lo principal, lo elemental, lo imprescindible, lo necesario.
O sea, lo obligatorio. Será por eso que el perfil de un bloggero venezolano me hizo sonreir y hasta un poquito de envidia me provocó. Dice así, sin escalas en el espectro luminoso:
“Soy Comunista, Bolivariano, Chavista, Marxista, Leninista, Guevarista, Fidelista, Zapatista, Martiano, Robinsoniano, Zamorano, Allendista, Sandinista, Revolucionario 100%”.
Para evocar este 11 -gris, llovizna fina- desde el que vengo dividida, de donde traigo dolor y nostalgia, nada mejor que una foto en blanco y negro. Para ‘re-cordar’, para derrotar la(mi) indiferencia, la(mi) ligereza, el(mi) olvido.
O sea, el(mi) abandono.
Señores y señoritas
en esta gran circunstancia
voy a dejarles constancia
de una traición infinita
que consumó la maldita
canalla del carnaval
contra la fuerza leal
del cuerpo de cinco emblemas
Que vivían los problemas
de la razón popular
…
Un rio de sangre corre
por los contornos del mundo
y un grito surge iracundo
de todas las altas torres
…
No habrá temporal que borre
las manos de la injusticia…
(Rodríguez y Recabarren, Violeta Parra)