
A estas horas de la noche - sí, sé que es completamente inadecuado - se me ocurre, te decía, que tú debes entender mejor que nadie estos días que corren y eso de que suelo bajarme una estación antes de mi destino. No, cuando digo destino me refiero a la estación del metro, no al final de la vida. Que suelo bajarme, te decía, en la estación del príncipe, cuando debería hacerlo en la del libertador. Que no es que prefiera la monarquía a la autodeterminación, sino que eso tiene una explicación que trasciende incluso al agobio que me producen los andenes y los carros llenos y a esa sensación de claustrofobia que aumenta cuando el tren se detiene en medio del túnel… Que en esa estación (la del príncipe) está esa casa, que paso a mirarla y me acuerdo de las cortinas tejidas que colgaban cuando era el lugar con el que se sueña para vivir. Que hoy no fue la excepción…no, digo que volví a bajarme allí, muy tarde, cuando la cordura indicaba llegar luego y hablar con los niños y entrarle a la descentralización y democracia o democracia y descentralización. Que había mantenido el equilibrio entre los frenazos y los miedos en medio del túnel. ..¿Las cortinas? No, las de ahora no tienen esa…belleza, esa gracia simple y perfumada..Sí, por eso te llamé, si, ya sé que esto de meterse con la memoria tenía sus consecuencias, sí, también sé que me lo dijiste, y no es que no te haya hecho caso, te juro que me esfuerzo, pero me cuesta, tenme paciencia…
No lo sé, no ahora, ...tal vez más adelante sí puedo prometértelo...tal vez pueda recordar las palabras del presente. Pero es que se me olvidan. De tanta memoria, se me olvidan. Tenme paciencia.