al pizarrón

Mi niño viene con desgano, viene caminando del colegio, sin ganas de llegar a casa. Viene pateando sus notas rojas con las zapatillas sucias de tierra del partido de fútbol que lo libera por momentos de ese estigma...Él es un flojo, uno de los más flojos del curso. Él no es como los otros, los que pasan de curso, los que sí se concentran estudiando, los que no ‘sacan la vuelta’, como (me) oye decir. Él quiere estudiar y no puede…o cree que no puede. Quiere ser como esos compañeros a los que envidia y admira, pero ellos tienen algo que a él le falta…o eso cree. Él es distinto, dice, a los ‘responsables’, a los que pasan de curso y reciben el premio y el abrazo de sus padres y los aplausos en la ceremonia de fin de año.
Yo debería pedirle que haga como el niño de Jacques Prévert, en su poema “Cancre” (que en Chile traduciríamos como ‘flojo’). Debería decirle que mañana, en el colegio, se pare como él frente al pizarrón, con valentía:
'El Niño Perezoso'
Dice no con la cabeza
pero dice sí con el corazón
dice sí a lo que quiere
y dice no al profesor
está de pie
lo interrogan
le plantean todos los problemas...
de pronto, estalla en carcajadas
y borra todo
los números y las palabras, los datos y los nombres, las frases y las trampas
y sin temor a la furia del maestro ni a las burlas de los niños prodigio
con tizas de todos los colores, sobre el pizarrón del infortunio
dibuja el rostro
de la felicidad
De "Paroles", Jacques Prévert


