Friday, October 20, 2006

al pizarrón


Mi niño viene con desgano, viene caminando del colegio, sin ganas de llegar a casa. Viene pateando sus notas rojas con las zapatillas sucias de tierra del partido de fútbol que lo libera por momentos de ese estigma...Él es un flojo, uno de los más flojos del curso. Él no es como los otros, los que pasan de curso, los que sí se concentran estudiando, los que no ‘sacan la vuelta’, como (me) oye decir. Él quiere estudiar y no puede…o cree que no puede. Quiere ser como esos compañeros a los que envidia y admira, pero ellos tienen algo que a él le falta…o eso cree. Él es distinto, dice, a los ‘responsables’, a los que pasan de curso y reciben el premio y el abrazo de sus padres y los aplausos en la ceremonia de fin de año.
Yo debería pedirle que haga como el niño de Jacques Prévert, en su poema “Cancre” (que en Chile traduciríamos como ‘flojo’). Debería decirle que mañana, en el colegio, se pare como él frente al pizarrón, con valentía:

'El Niño Perezoso'

Dice no con la cabeza
pero dice sí con el corazón
dice sí a lo que quiere
y dice no al profesor
está de pie
lo interrogan
le plantean todos los problemas...
de pronto, estalla en carcajadas
y borra todo
los números y las palabras, los datos y los nombres, las frases y las trampas
y sin temor a la furia del maestro ni a las burlas de los niños prodigio
con tizas de todos los colores, sobre el pizarrón del infortunio
dibuja el rostro
de la felicidad


De "Paroles", Jacques Prévert

Sunday, October 01, 2006

el arte y el amor


Sabía que mirabas y te reías desde tu rincón hacía rato, oyendo las bromas que esa noche alegraban nuestra mesa. Y te acercaste aceptando la invitación, para que te tomaras tu trago acompañado, ven, sírvete un vinito con nosotros, insistimos. Entonces, gracias a ese acto de legitimación social que consiste en saludar primero, pude mirarte sin pudores, oculta en la cara de falsa sorpresa que me causaba tu acercamiento. Y la conversación se llenó de noche ñuñoína y después de muchos minutos o de un par de horas (los relojes suelen extraviarse en estas lides) recurrí al mismísimo Nicanor para ilustrar mi admiración por el antipoeta pensando en derribar tus prejuicios de que sí, que era inteligente, pero que a mí no me no emociona, provocaste...y yo evitando mirarte muy seguido, con tanto interés o demasiado pronto, dije lo de juro que no recuerdo ni su nombre, más moriré llamándola María…, y tú arremetiste con la vanguardia pictórica, menos mal, mientras la timidez seguía su propia batalla y entre verso y línea supe que tus días transcurrían en un vértigo de lienzos y pinceles y viajes en metro que anhelé descubrir. Y no sé cómo - porque no advertí que las copas de vino ya tramaban su juego de espejos - me cegó el gesto misterioso bajo el sombrero tejano que te sombreaba los ojos y te convertía en héroe cinematográfico.

Muchas horas más tarde, con trazos de diestro, dibujaste en mi cuerpo el rostro del amor.