Friday, June 30, 2006


Las 25 cosas que más me gustan

El abrazo apretadito de mis hijos
Ir a un café, con amigos, en invierno, con frío, por el Forestal, …
Tocar piano y las canciones de la revolución española
Leer cuentos, novelas, la poesía de Tellier
El buen vino, bien sûr
Jugar brisca con mis primos, mis hermanos
De Niro
Las pastas, en particular, la lasaña
No puede ser esto de que sólo sean 25
Mis talleres literarios
Ya me acordé de este hombre!
Si me vuelvo a quejar de que sólo son 25, tengo 3 menos
Un sour con mi hija, en el Liguria
Silvio, primera etapa
Los anillos de plata
Los viajes en tren, al sur
Las fotos en blanco y negro
Las tertulias con los amigos
El tango (Sosa)
El Otoño
El Mercado Central, en un almuerzo de domingo
Borges, Cortázar, Benedetti, etcétera, etcétera
Dos Jacques (Brel y Prévert)
Los besos largos
Que me queden muchas más que 25

Tuesday, June 20, 2006

Eso de 'La Costilla de Eva'


Lo de La Costilla de Eva me vino de la Jacqui. Ella me regaló 'mucho' el libro homónimo de la Gioconda Belli y esos poemas suelen acompañarme, cuando reflexiono sobre la huelga de los estudiantes o me amenaza algún recuerdo o quiero escribir, o simplemente, leer antes de dormir. Cada vez que paseo por esos versos, quiero otra vez tomar un café por ahí por el Forestal, por supuesto, con la Jacqui, el Jano y el Fernando.

Algunas Dragonas


En uno de los encuentros, en la ciudad histérica, digo...histórica

Monday, June 19, 2006

Los Fuegos de Cienfuegos

Cien Fuegos

Érase una vez, una calle llamada Cienfuegos, donde habitaban unas chicas muy aguerridas, bellas y díscolas (ambas características suelen ir juntas), en una casita preciosa, llamada Pensionado de Obstetricia. Como el lector ya habrá colegido, en efecto, aquella casita albergaba a las chicas de la Escuela de Obstetricia de la Facultad de Medicina -de la U. de Chile- por allá por los años hermosos y terribles, y a otras provenientes de carreras afines (enfermería, tecnología médica) y no tan afines (servicio social, geología, por ejemplo). En cualquier dcaso, todas ellas honraban al conglomerado y cumplían con la condición de ser provincianas y de no disponer de recursos para vivir en la Capital, durante su período de estudios. Sí, porque entonces recibíamos la ayuda del Estado para lo que era menester y mejor no me pongo a dar más razones sobre aquello, porque la cosa puede derivar en manifiesto político. Y no es la intención, por lo menos por ahora.

Muchos años más tarde, mucha agua bajo el puente cienfueguino habiendo ya corrido, nació el increíble y -cómo decirlo- incomparable Taller Literario Cien Fuegos, cuyo nombre es, obviamente, una suerte de paráfrasis de aquella calle célebre del centro capitalino. Porque Cien Fuegos nace en y por el reencuentro con esas chicas de entonces, compañeras de casa, noche, tardes de lluvia, cachirulos, tratados de anatomía, campeonatos de ping-pong, muchacha italiana que venía a casarse y tantas yerbas que hoy hemos re-vivido en los encuentros, luego de andar perdidas durante tantos años, no por 'falta de cariño', porque nos queremos con el alma como en el bolero, sino por el abismo que abrió entre nosotros esa fractura que partió a Chile en dos, hace tanto tiempo y tan poco a la vez. Entonces le andamos recuperando el cariño, volviendo a vernos en mesas amplias con largos almuerzos o en cafecitos o el cumpleaños de alguna o en un café o, ...y en el taller, donde el ejercicio creativo se mezcla con el placer de compartir ese par de horas donde hemos derramado palabras y lágrimas y risas y abrazos.

Las cienfueguinas que llegan todas las semanas a adentrarse en los caminos de la fantasía verosímil, me han regalado con su compañía, haciéndome creer que yo puedo señalarles el camino de sus plumas creativas, cuando, en realidad, vienen ellas a ofrecerme su solidaridad, más allá del genuino interés que han demostrado en los quehaceres metafóricos y críticos. Ellas son, hoy, esa flor que antes bordeaba con naturalidad nuestros caminos: la amistad incondicional, el espacio para el encuentro y los brazos abiertos.


Han nacido así, Cien Fuegos Uno y Cien Fuegos Dos.

Pruebas al canto: Mis cienfueguinas iniciáticas han producido este 'cadáver exquisito' que no deja de sorprender por su coincidencia temática. Para los que no saben, tal denominación tiene raíces surrealistas y consiste en crear un relato colectivo, en el que uno a uno, en este caso una a una, cada participante escribe unas líneas, dobla el papel para tapar lo escrito y deja la última palabra al descubierto, para que el/la siguiente continúe, hasta completar la rueda de asistentes. A continuación, les ofrezco el resultado de un 'cadáver' y de un relato construído a partir de un pie forzado:

El día en que se reunieron en aquél restorán, nadie sospechaba que sus vidas ya no serían las mismas. El llanto de una de ellas daría paso a la historia de todas las que allí se encontraron. Se habían juntado esa tarde, después de una larga ausencia, y casi sin reconocerse. Sin embargo, se abrazaron silenciosamente.

¿En cuánto tiempo más nos veremos? pensaba una de ellas, mientras oía la conversación de sus amigas. Sólo los olores podrían acercarla a los recuerdos, a las vivencias que tan fuertemente aferradas estaban en ella.

'Cuando me recuerdes, piensa que te estoy enviando un beso' repetía otra, aludiendo a la frase que su pareja de entonces le había dicho cuando debieron separarse. Sí, un beso tan sincero como el que se entregaban ahora todas, en ese encuentro indescriptible que todas comenzaban a registrar, impresionadas por la sencillez, la cordialidad y la lealtad que parecía invadir el comedor reservado sólo para ellas.

En fin, eran un grupo lleno de alegrías, de fortaleza, de riqueza exquisita y sobre todo, de solidaridad y cariñoso respeto el que marcaría -todas lo esperaban- los innumerables futuros reencuentros.

Cien Fuegos Dos

Los muchachos caminaban por una calle llena de tienditas abarrotadas de objetos exóticos que eran ofrecidos al paso por sus dueños: baratijas, antigüedades, hermosos cuadros, artesanías. Admirados, al ver una túnica de la Región, se detuvieron a mirarla con embeleso: negra, bordada con hilos de oro, parecía relucir ante los ojos curiosos de los jóvenes. Entre ellos fluía el entusiasmo. Tenían que comprarla, pero no tenían dinero suficiente. Entonces elaboraron una estrategia: uno de ellos, trataría de hacerse entender para lograr una rebaja. Eligieron al más joven de los tres - el ‘triángulo’ solían llamarse.

El muchacho se paró frente a la tiendita. La dueña, una mujer vieja, comprendió de inmediato. Cogió la túnica y se las entregó sin cobrarles, porque supo que eran tan humildes como ella.

Alumna de Cien Fuegos Uno

Sunday, June 18, 2006

La familia, la amistad

Por Amor al Arte


El sábado 24, a las nueve de la noche, en el restorán Fessta de Rancagua, nos encontraremos - con Christian, Roberto y Ana María - para conversar, con versos, dibujos y canciones,...por amor al arte. Esto es, en sentido polisémico, literalmente así: desde el amor a la poesía, al dibujo y al canto, queremos recrear un espacio de encuentro con la amistad, con los afectos profundos, con-fundiendo códigos, imágenes, sonidos, por placer, sin réditos monetarios,...por amor al arte.

Saturday, June 17, 2006

si yo no viviera


si yo no viviera en un país asediado
que rodeado de muerte nos da vida
si no creyera en la fuerza del pensamiento
y pensara que solo es útil para el ejercicio del cerebro
seguramente hubiera pasado a tu lado
sin mirarte
sin que me vieras
Gioconda Belli

rememoranzas del pensionado


Las dragonas de Cien Fuegos atizan martes a martes las brasas con sus ardientes fauces.