Wednesday, July 18, 2007

todo depende


En el suplemento literario del diario El País había un poema precioso con un epígrafe de Leonard Cohen. Lo importante es que tenía un epígrafe de Leonard Cohen, al que yo leía hace hartos años y que cantaba también (yo a Cohen, qué pretenciosa). El poema era precioso, digo, y me(nos) lo leyó un amigo que había hecho el descubrimiento. Y no me pude despegar del epígrafe de Cohen que se me quedó en la boca: 'todo depende de cuán cerca duermas de mí'...

Y busqué un cuaderno que me regaló una loca preciosa en una plaza de Madrid, que tiene letras de canciones (lo busqué en una caja del closet que tiene cuadernos con fotos, postales y papeles y servilletas con poemas y direcciones y letras de canciones y todo lo que tienen esas cajas en los closet), entre las que están algunas de Leonard Cohen. Ella me lo regaló porque me volvía a Chile y no nos veríamos en años y en esos casos se regalan cosas importantes, porque cuando alguien se va - o vuelve, todo depende del cristal con que se viaje - se va un pedacito de vida, …se regalan cosas como un cuaderno con letras de canciones, para leerlas y cantarlas y así estar de nuevo juntas, joder!
En el avión tarareé algunas y sin darme cuenta subía el volumen de la voz, hasta que advertía que mi compañero de asiento me miraba insistentemente con ojos de baja el tono o esta mina tá loca
.

Cohen fue una canción en la casa de los amigos, fue una forma extraña de estar allá y acá, fue un regalo para el retorno, fue canción de cuna para mi niña, fue una nostalgia. Ahora es un regalo...todo depende.

Regalo (Gift)

Me dices que el silencio
está más cerca de la paz que los poemas.
Pero si como un regalo yo te trajera el silencio
(porque yo conozco el silencio)
tu me dirías
“Esto no es silencio
es otro poema”
y me lo devolverías.

(Leonard Cohen)




Sunday, July 01, 2007

Hace un frío!



Esta tarde volvemos a vernos. Comentamos sobre el frío de este invierno y el curanto con frío, pero en el sur. El vino tinto y los canallas, y Madrid, las endivias y el estragón, pero el merquén… y otras yerbas
Mientras esperamos el café…hablamos despacio de los cuentos de la cárcel y de los prólogos y de Teillier y de tu viaje a Concepción…
Te frotas las manos, también te gusta Venturelli, si hasta tengo su retrato de Neruda sobre mi escritorio, te pavoneas.
El café, por fin.
Bach, también, el doble concierto para violín, pero el bolero…
Vuelvo de la música al crepúsculo y me abruma esta tristeza con la que te extraño extemporáneamente y repito en voz baja
“Ahuyentemos el tiempo, amor, que ya no exista…”


Cuando regreso a la tarde y al frío, propones otro café…
yo siento alivio y acepto en silencio y recurro en voz baja a Gioconda…
“…y este estarte viendo sin que estés
me hace sentirme a veces como una leona herida

me retuerzo
doy vueltas
te busco y no estás

y estás allí
tan cerca”